jueves, 12 de enero de 2017

Pinceladas del futuro Colombiano

Aunque dicen que el futuro no está escrito, no se necesita ser vidente, clarividente, profeta, lector de hojas de té o tener habilidades similares para prever lo que el futuro nos depara. Lo podemos imaginar acelerando el presente, así como cuando ves una ola en el mar y sabes cómo terminará, un futuro prefabricado (por quienes tienen el poder decisorio), medianamente lejos de hablar de guerras con armamento bioquímico. Proyectemos la película, al final económicamente Colombia será más pobre, a mayor caída del precio del dólar por sobreoferta, menos divisas o ingresos económicos para el país y consecuentemente menos regalías para la regiones, mayor inflación, sube todo, la canasta familiar, servicios, peajes, desempleo por recortes, menor ingreso por familia, recorte en los subsidios, (Excepto en algunas empresas para apoyarlas en la sostenibilidad, para que no se vayan a la quiebra, la pueden exonerar de impuestos lo que se revierte en menos ingresos al Estado), recortes en la inversión y por supuesto mayores impuestos plutocráticos como la reciente reforma tributaria para “compensar” el desequilibrio, y otros recargos que así se mejore la economía, no lo van a desmontar, éstos quedarán por sécula seculorum.

Para entonces, los usureros (bancos y prestamistas) harán su agosto, donde  sus clientes (la sociedad pobre que quiere vivir como clase media) podrán sobrevivir o morir en el intento. Al no haber suficiente dinero circulante, menos compras, menos diversión, menos todo.

 En teoría, si baja el costo del petróleo, paralelamente debería bajar el costo de la gasolina, pero esto no sucede en nuestro país.  En Colombia ningún precio de venta bajará. Excepcionalmente sucederá en los supermercados en algunas marcas cuando los fabricantes poderosos de algunos productos bajo la figura de promoción u ofertas pronostican la caída circulante del dinero y estratégicamente lo mejor es capturar previa a la ecatombe, el mayor dinero de los consumidores, para así cuando haya el debacle, ya ellos obtuvieron suficiente ingreso para sostenerse en las vacas flacas, es decir meses antes. Entonces cuando esto suceda, reacciona todo el comercio, se presentarán mayores ofertas y rebaja, pero no habrá dinero para comprar. Todo lo anterior  se traduce en una palabra:  mayor pobreza de las mayorías.
Ser pobre, parece no ser malo, ser pobre con hambre, sí lo es. La pobreza con hambre entre otros, está íntimamente relacionada con la violencia, producto de las frustraciones por la marginación económica, al no encontrar el medio honrado para llevar una vida digna. Es el estado de desesperación emocional donde se es capaz de hacer cualquier cosa para conseguir el diario comer.

Bajo este panorama, la inseguridad urbana será tema del día, oiremos las más espeluznantes noticias de violencia, asesinatos por robo, por intolerancias, por cualquier motivo,  hasta la sarcástica frase de “ser pillo paga”. No servirán ni comités de convivencia, ni una mayor fuerza pública; se crearan mas y nuevos grupos de protestas de sectores y de poblaciones, las cárceles serán insuficientes  (que ya lo són y para nada son correccionales) y una institucionalidad corrupta colapsada sin encontrar la fórmula para cumplirle a su pueblo con un vivir mejor. Pero no todo es malo, aumentará la seguridad privada y los productos digitales estarán por el piso producto de la guerra del centavo.
 A la crisis laboral lo acompaña la explotación, discriminación y clientelismo. Y los que sobreviven en ella, ven su pensiones cada vez más lejos, sintiendo más incierto lograr este derecho y con temor de no caer en el estado de “estorbo”. El nivel académico será más exigente y se convertirá en una guerra sangrienta entre los que ostentan más grados que un termómetro para lograr un raquítico salario.  Se presentarán muchos proyectos para ancianitos que se caerán en el intento.
 Con el reciente acuerdo de paz, la cosa  no para ahí, creyendo que la desmovilización y la reintegración a la vida social es cuestión de firmar, cúmplase y entréguenme el Nobel y colorín colorado  este cuento de los problemas de Colombia se han acabado.  Ilusos quienes no tengan una percepción aterrizada de los coletazos y las implicaciones que probablemente se den en este proceso. Más allá de garantizarles un sostenimiento económico temporal, se encuentra el verdadero aspecto social, el entendimiento de su situación como ser, convivir con su herencia cultural, con sus estigmas, prejuicios y temores, con su legado emocional bélico. Una aproximación deductiva me dice que una parte se convertirán en mechas humanas potencialmente explosivas que darán traste a los objetivos del acuerdo.
Bueno amanecerá y quizas lo veamos, depende de cada uno de nosotros.


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